La Inteligencia Social de un buen líder


Daniel Goleman no sólo explicó que la Inteligencia Emocional es la capacidad de comprender y manejar las propias emociones sino también las ajenas. Algo que en el mundo de la empresa se traduce en empatía, escucha activa, comunicación asertiva, resolución de conflictos, negociación, habilidades sociales…

Sino que también fue un paso más allá a la hora de estudiar la Inteligencia Social. Como su propio nombre indica remite a la capacidad de una persona de influir en un entorno determinado, en un grupo. Algo que también afecta a cualquier buen líder de una organización. Sencillamente, porque el líder es un referente, alguien con quien conectan los demás porque se sienten identificados con los valores que transmite.

La Inteligencia Social no es innata al más puro estilo platónico, es decir, las personas no nacen con ella. Algo que resulta positivo ya que eso significa que puede entrenarse y mejorarse a lo largo de los años con formación y con la superación de los propios límites.

Un buen líder debe tener un perfecto dominio de la comunicación y del mensaje que transmite no sólo desde un punto de vista verbal sino también, corporal. Sin embargo, a veces, se simplifica en exceso la interpretación del lenguaje no verbal. Por ejemplo, muchos libros aseguran que el hecho de tener los brazos cruzados en una entrevista de trabajo, implica estar a la defensiva. Y la verdad es que no siempre es cierto. El ser humano es más complejo de lo que nos hacen creer los expertos en comunicación.

La Inteligencia Social es fundamental dentro del mundo de la empresa para trabajar en equipo y crear un espíritu positivo de motivación y de unión entre todos. Por supuesto, tanto la Inteligencia Emocional como la Inteligencia Social son complementarias. Lo importante es entender que las emociones interfieren en el éxito o en el fracaso de una organización.

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