Personas que ni estudian, ni trabajan


Muchas veces, se habla de la generación ni-ni haciendo referencia a ese grupo de jóvenes que no estudian, ni trabajan, y viven rodeados de comodidades gracias al esfuerzo de sus padres. Pero también existe otra realidad que no tiene nada que ver con la generación ni-ni: casos de personas que no trabajan porque no encuentran un empleo y que no estudian porque no cuentan con los recursos necesarios como para costearse un plan de formación. Cuando una persona está en desempleo tiene que establecer un orden de prioridades y es muy comprensible que alguien quiera guardar los ahorros como un colchón económico para hacer frente a los gastos del futuro en caso de que la situación laboral empeore.

De esta forma, el día a día de estas personas es más difícil porque viven ajenas a la rutina laboral pero también, están ajenas a la rutina formativa. En cualquier caso, sí es posible realizar cursos para desempleados que además, están subvencionados. Pero estos cursos tampoco hoy día tienen tantas salidas laborales ya que como consecuencia de la crisis la situación se ha agravado mucho. En realidad, si una persona no estudia ni trabaja, lo importante es que convierta la búsqueda de empleo en un trabajo en sí mismo. Es decir, en el primer objetivo a alcanzar. Para ello, se requiere la misma disciplina que en la rutina diaria en la empresa.

Además, a nivel emocional el reto es vivir el día a día, no pensar en qué pasará dentro de dos meses, de lo contrario, la angustia surge de una forma inmediata. Para ello, para poder disfrutar, los desempleados también tienen que buscar entornos de bienestar. Por ejemplo, en actividades de voluntariado, planes con los amigos, ejercicio físico… Empezar el día con la angustia de no saber qué pasará mañana es muy difícil, pero en realidad, ni siquiera aquellas personas que tienen un empleo saben qué pasará en el futuro.

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